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Posiblemente lo conozcas e incluso te hayas cruzado con él varias veces en el día de hoy porque se trata del peinado por excelencia de la generación Z y que también posee gran popularidad entre los millennial.

Aunque nació allá por los años 70 como un corte sin género que pretendía ser la revolución de lo andrógino, su uso y su reputación ha pasado por unos grandes altibajos a lo largo de las décadas. Podríamos marcar su punto álgido con David Bowie y la revolución Glam de los años 70, a partir de este momento lo vimos en los escenarios sobre las molleras de estrellas del rock y pioneros de la música.

Sin embargo y aunque en EEUU este peinado tenía una “buena” reputación pronto en España pasó a ser algo distinto. Y es que a finales de los 80 el corte se popularizó entre los amantes más jóvenes del flamenco ya que buscaban imitar la estética de Camarón.
También lo vemos reflejado en el cine quinqui ese género que surgió en nuestro país a finales de los 70 y durante los años 80 que contaba las desventuras de personajes de estratos sociales muy bajos que siempre eran jóvenes y que se volvían famosos por sus crímenes, esta corriente dotó al peinado de ese matiz más marginal que acarreo durante el cambio de milenio hasta nuestros días.


Hoy, este peinado se ha puesto de moda gracias a las corrientes cyberpunk, y aunque tuvo un gran impacto dentro de la estética queer, su uso ha sido extendido y lo encontramos con multitud de variantes, las redes sociales como tik tok o Instagram han conseguido traer de vuelta este peinado de la tumba y que se convierta en el rey de estos últimos años, lo que está claro es que es un peinado con historia y que nos sobran motivos para sacar las tijeras y probar el peinado más “chico malo” del
momento.