Skip to main content

Era un martes cualquiera cuando un chico despistado bajaba por calle de Velarde hasta llegar a la plaza del dos de mayo. Otro chico de provincias que viene a seguir sus sueños en la gran ciudad. Un chico más, como tantos, que viene a vivir su juventud en las efervescentes calles de Malasaña. Un chico… con un terrible corte de pelo, la verdad.

O eso fue lo que me dijo que pensó en cuanto se vio reflejado en el escaparate de una pastelería. Deambulando por las encantadoras calles del barrio se topó conmigo. El número 34 de la calle Vicente Ferrer le había llamado “chico malo” en toda su cara con un cartel en la puerta. Nuestro chico en cuestión era muchas cosas, era trabajador, soñador y muy amable, pero lo que nunca se había parado a pesar era si él había sido alguna vez en su vida un “chico malo”. Lo primero que le sorprendió fue la música que sonaba dentro del local, era Every breath you take de The police, se miró su pelo
rebelde una vez más en el reflejo del cristal y se decidió entrar. Se quedó pasmado
contemplando la pared del local que está cubierta con la colección de vinilos y justo allí fue cuando le conocí.

Me contó sobre sus sueños, de sus ganas de comerse Madrid, de ser la persona que siempre había querido ser. “Por eso estoy aquí” me dijo “Necesito que me ayudes a mostrar por fuera el cambio que ya he hecho por dentro” y así fue, salió de aquí con una sonrisa y convertido en todo un Chico Malo, un Chico Malo que sigue viniendo religiosamente cada mes a verme para que le ayude a recordar quien ha venido a ser.

Ya forma parte de esta gran familia y ha entendido que seas quien seas y seas como
seas, tú también puedes ser un Chico Malo y que en el número 34 de la calle Vicente
Ferrer tendrás siempre tu lugar seguro.